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03 mayo 2013

AQUELLOS MARAVILLOSOS AÑOS: HOY EN 1904 SOCIEDAD UTOPÍCA HECHA REALIDAD EN SAINT GEORGES (VIRGINIA)

Para el post de hoy he elegido este artículo que me ha llamado poderosamente la atención. Quizá una sociedad utópica? Lo parece, aunque no es oro todo lo que reluce, verdad? Leed y opinad
"Hay en el Estado de Virginia (Estados Unidos) una pequeña población, de quince ó diez y seis mil almas, llamada Saint-Georges, á la cual podría citarse como modelo en todas las naciones del mundo.  Y ahí van, en demostración de tal verdad, algunos ejemplos elocuentísimos y que no han menester ser comentados.
Hay en la urbe varios cafés provistos de todas las condiciones higiénicas, y en los que sa sirve al consumidor te, café, refrescos de toda clase y hasta espirituosos, pero garantizados por su pureza y sometidos á previo análisis. Cada consumidor no tiene derecho á pedir más que una copita, estándoles severamente prohibido á los camareros y al dueño del establecimiento el escanciar una segunda dosis á la misma persona. El ajenjo y demás aperitivos ó llamados tales, son clasificados como productos intoxicantes y absolutamente proscritos.
En los mismos establecimientos están prohibidos los juegos, á excepción del ajedrez, las damas, el dominó y las carambolas.  Todos los juegos de naipes, proscritos, como los aperitivos, sin excepción. A los jugadores no les está tolerado arriesgar más que el importe de lo que consumen; dinero, jamás.
Hay en la población un jefe de policía y dos subordinados, y con estas tres personas queda asegurado el orden y reprimidos los desmanes de la gente maleante.  Verdad es que todos los ciudadanos, desde los quince años en adelante, ejercen, cuando es preciso, de policías voluntarios, pero es raro que se vean obligados á ello, dada la gran escasez de malhechores que allí se nota, escasez motivada principalmente por los procedimientos que con los picaros se emplean. Algún tiempo atrás, dos individuos forasteros que habían llegado pocos días antes fingiéndose obreros sin trabajo, atracaron e noche á un habitante que se retiraba á su domicilio. El atracado no opuso resistencia; dejóse robar y luego llamó á la primera casa que tenía delante y cuyos habitantes se levantaron al punto. Se les explicó el suceso; pocos minutos después todos los vecinos de la calle estaban en pie, vestidos, armados y emprendiendo una caza activa por toda la ciudad. A la media hora los dos malandrines, apresados por un centenar de cazadores, recibían una paliza descomunal y el siguiente aviso: «Si al amanecer se os encuentra todavía en Saint-Georges, seréis ahorcados sin más tramitación que la que se necesita para poner un nudo corredizo en torno del cuello.» Los dos picaros, con todo y sentirse el cuerpo en extremo adolorido, se apresuraron á tomar las de villadiego.
Y hace tiempo no se encuentra allí un ladrón ni para un remedio.
El comercio sangeorgiano goza merecida fama de honradísimo y formal. Cierto es también que para ello se toman desde hace muchos años todas las medidas necesarias, ejerciéndose por el público y por los mismos comerciantes una severísima vigilancia, seguida de ejemplar castigo contra los industriales poco escrupulosos.  El tendero que estafase a sus parroquianos en la calidad ó en la cantidad de un artículo estaría seguro de verse sometido a un boicot que le dejaría deshonrado y arruinado en poco tiempo. Otro tanto le pasaría al comerciante que voluntariamente, de mala fé, faltase a sus compromisos mercantiles ó no procediese con la más estricta escrupulosidad. El comerciante a quien inmerecidos reveses ponen en situación precaria, puede contar con el auxilio de sus compañeros que se cotizan para salvarle de la quiebra; pero el que procede dolosamente no se libra de un proceso ni del consiguiente castigo.  Como ejemplo de ese criterio que debería seguirse en todas las poblaciones del mundo, cabe citar el siguiente episodio, acontecido tres años ha.
Un individuo a quien nadie, o por lo menos muy pocas personas conocían, fue a establecerse en Saint Georges, abriendo un comercio que desde los primeros tiempos pareció prosperar. Una mañana se presentaron en la lujosa tienda tres de loa principales comerciantes de la ciudad que dijeron al dueño:
·        Nos consta por datos fehacientes que es usted el señor X... quebrado por dos veces y en condiciones fraudulentas en tal y tal punto. No pudiendo consentir que persona de semejantes antecedentes siga formando parte del comercio de esta plaza, hemos venido para intimarle a usted cierre en el término de ocho días y se vaya luego de aquí.
El requerido rehusó terminantemente acceder a la pretensión, declarando que habiendo liquidado sus cuentas con la justicia y firmado un convenio con sus antiguos acreedores, no reconocía a nadie la facultad de meterse en su casa ni en sus negocios, y que, por consiguiente, seguiría con su establecimiento abierto. Los tres delegados se retiraron sin insistir; pero desde aquella misma noche circularon por toda la ciudad unas hojas impresas y firmadas haciendo saber a todos los vecinos que el señor X., dueño de la tienda de la calle de... era un industrial que había quebrado por dos veces fraudulentamente.  Basto este simple aviso para que inmediatamente el vacío; allí no entraba un alma.
A mayor abundamiento, los almacenistas del barrio declararon al boicoteado tendero que pasados ocho días a contar desde entonces se verían en el sensible caso de no venderle ningún artículo da primera necesidad. Y aunque echando chispas, no tuvo el hombre más remedio que cerrar y marcharse. 
Si á los representantes de la justicia no les ocasiona ningún trabajo el administrarla en punto á asuntos criminales, por falta de delitos, tampoco tienen gran cosa que hacer tocante á asuntos civiles. Como no sea en casos excepcionalísimos todas las divergencias se solventan recurriendo los quejosos á la jurisdicción de árbitros y componedores. Funcionan con la frecuencia necesaria quince ó veinte tribunales formados por los vecinos más respetables y más competentes en las respectivas cuestiones que se somete á su juicio, En las referente á la propiedad entienden y fallan siete propietarios asesorados por dos letrados; en las mercantiles siete comerciantes; las diferencias surgidas entre patronos y obreros, un tribunal mixto compuesto de unos y de otros, presidido por un magistrado cuyo voto es, en caso de empate, resolutorio y sin apelación. Y así sucesivamente en todos los asuntos entre particulares. No se da casi nunca el caso de que un vecino de la población se resista á someter sus agravios y sus derechos á la prudencia y decisión de uno» jueces que además de inspirarse siempre en la equidad y el buen sentido, administran siempre la justicia gratis. Inútil es casi añadir que para los abogados y demás gente de curia es Saint-Georges un mercado desastroso.
Importa también hacer constar que en esa felicísima población donde no se tropieza con ladrones, ni timadores, ni con tenderos que estafan, ni con comerciantes que quiebran, ni con busca-vidas á caza de pleitos, ni con borrachínes, ni siquiera con gente grosera, pues allí al tipo que blasfemia ó se expresa en términos inconvenientes en público se le mete en chirona y durante veinte y cuatro horas se le reduce á pan á agua, habita el vecindario más risueño y más amante de diversiones que haya en toda la Unión."
Artículo publicado por Juan Buscón  en la sección “Busca, buscando” de “La Vanguardia” del 4 de Mayo de 1904
¿Sociedad perfecta? ¿Qué opináis?

5 comentarios:

disancor dijo...

Feliz fin de semana.
Un saludo.

Anaisa dijo...

Bueno mi reina linda!!...estoy de acuerdo me parece un modelo de ciudad o pueblo a imitar....donde la gente respeta y es respetada,la delincuencia no existe, donde nadie quiere aprovecharse de nadie,..... eso es una verdadera comunidad! a simple vista es perfecta esa ciudad...pero permiteme tener mis dudas!!...algo debe de tener!...recuerda lo perfecto no existe...!sólo Dios!
Cariño no es que te contradiga...pero creo que puedo tener mis dudas no crees!!!es lindo lugar no lo dudo pero......

Anaisa dijo...

Perdona mi reina!!no me despedí, que tengas un bello fin de semana....besitos para ti....

Tio Antonio dijo...

Puede que sea una sociedad perfecta para la gente tranquila. En cambio, para los inquietos puede llegar a ser una pesadilla.

Cosica Alicia dijo...

Soy mas de la opinion de que sería una pesadilla de ciudad. un bar donde no puedes tomarte una segunda copa??? Ni aperitivos?? Debería de llamarse Villa Flanders... Aburridisima. Lo de los comerciantes honrados, esta bien, pero en la vida tiene que haber de todo, bueno y malo. Si no tenemos gente mala, no se pareciaria a la gente buena

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